martes, 5 de diciembre de 2017

Mariano Díez Bielsa (Ángel)



ÁNGEL

-Era mayo de 1937, en plena Guerra Civil española, cuando Ángel fue mandado al frente extremeño por los nacionales para llevar a cabo la labor de vigilancia y descubiertas, estando en esas misiones hasta fin de año.

Pasaron ocho semanas de servicio militar no fuera de lo común. El 26 de junio, Ángel se disponía a comenzar su labor de vigilancia montado a caballo como era de costumbre, pero ya casi finalizando su trabajo su caballo fue víctima de un disparo republicano con la mala suerte de morir y caer encima de Ángel con todo el peso adicional de las armas que él llevaba encima sin que pudiera escapar. Por si no era poco ya estar atrapado bajo su caballo muerto y tener que volver a pie, tuvo también la mala suerte de que bajo su caballo parecía un espía por lo que tanto los de uno y otro bando del frente empezaron a disparar. Ángel no podía morir ese día, no, en ese momento llevaba consigo en su guerrera un telegrama, pero no era un telegrama cualquiera. Dicho documento decía que había nacido su primer hijo, por lo que con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, comenzó a gritar y a pegar voces a sus compañeros para que dejaran de dispararle y uno de ellos exclamó : ¡Ehh, que es Bielsa!¡Dejad de disparar, es Bielsa! Y en ese momento se cortaron los disparos amigos. Tras este infierno Ángel, fue capaz de salir con vida.

Al poco tiempo, se le presentó la oportunidad de asistir a un curso de aviación en Málaga sustituyendo así una temporada de estar en pleno campo de batalla la cual aceptó. Una vez en Málaga, él y todos los otros 89 hombres que asistieron fueron examinados de manera que los que calificaran entre los quince primeros, se quedarían ahí para enseñar a los que vinieran después, y el resto serían enviados de vuelta a los lugares donde estuvieran destinados. Ángel sacó una de las quince mejores notas por lo que no tuvo que regresar a Extremadura y recibió el título de Cabo Especialista . Ya en 1939, fue licenciado tras acabar la contienda.

-¿Y todo esto lo hizo tu padre?

-Sí, y hoy ya has pagado tu impuesto revolucionario de abuelo pesado, pero otro día si quieres te cuento también las batallitas de tu tatarabuelo Segismundo.

-Vale abuelo.

-De nada Mariano.



Mariano Díez Bielsa - 4ºF - Nº12

Juan Guzmán Belda (Bacuto)





BACUTO

Yo soy Bacuto, pertenezco a una familia en la que hay cuatro personas, dos adultos, una mujer y un hombre, un niño pequeño y Pedro. Pedro es la persona que me adoptó, antes el y yo nos queríamos mucho, me cuidaba, me bañaba, me daba de comer e incluso jugaba conmigo a la pelota. Yo era muy feliz en esta familia pues me daban todo lo necesario y estaba muy cómodo.

Cuando yo tenía ya unos cuatro años, Pedro empezó a jugar menos conmigo y ya no me hacia tanto caso, no jugaba conmigo y pasaba mucho de mí, incluso la comida me la ponía ahora aquella mujer mayor que yo no conocía, no Pedro. Incluso alguna vez se le fue la mano conmigo cuando estaba enfadado, pero no me hacía apenas daño, lo que me preocupaba era que cada vez me pegaba más fuerte y se veía que lo disfrutaba pues no dejaba de hacerlo. A mí me dolía sentimentalmente, ya que mi relación con Pedro empezó a desmoronarse. A veces el niño pequeño me defendía pero no servía de nada pues Pedro era mucho más mayor que él.

Pedro seguía viniendo enfadado del colegio y nada cambiaba, yo seguía siendo golpeado, pero no me importaba pues yo quería mucho a Pedro.

Un día los padres de Pedro salieron a comer y me quedé solo en casa, no me gustaba la sensación de soledad, me aburría. Repentinamente entró Pedro, más enfadado de lo normal y cerró la puerta de un portazo. Yo me puse a saltar de alegría, pero Pedro no tenía ganas de jugar y me pegó una patada en el hocico, empecé a notar la sangre por mi cara y por el dolor que me produjo la patada perdí el conocimiento. De repente me desperté en una bolsa de basura, no me lo podía creer, Pedro me estaba tirando a la basura como si fuese un objeto usado.

Oí la perta abrirse, justo cuando Pedro me iba a tirar a la basura alguien abrió la puerta y una voz conocida, preguntó que donde estaba el perro. Era la mujer que me daba de comer, hoy no había comido y seguramente me buscaba para darme comida, Pedro contestó que me había escapado, pero era mentira, estaba en la bolsa de basura que él tenía en su mano, inmovilizado y ahogándome casi sin aire. Pedro se fue de casa diciendo que iba a buscar al perro. Después de eso recuerdo estar rodeado con más bolsas de basura, ahogando y casi sin aire, y que todo se volvía cada vez más negro.

Juan Guzman Diciembre 2017

Ignacio del Cubillo (La verdad invisible)



LA VERDAD INVISIBLE

Un veintinueve de septiembre de dos mil diecisiete, en un apartamento de Las Tablas, Madrid, un hombre llamado Carlos, se estaba despidiendo de su familia, ya que tenía que alejarse de ellos por un tiempo. Tenía que ir a Barcelona para apoyar a sus compañeros por la defensa de la unidad de un país, e impedir un referéndum ilegal.
Ya de camino hacia Barcelona, con sentimientos contradictorios, dado que lo que más quería era a su patria y defender su unidad ante todo y eso le animaba a ir y lo mantenía feliz, pero también sentía una gran pena por abandonar a su familia, a sus dos hijos y a su mujer embarazada.
Al llegar a Barcelona, Carlos se esperaba otra bienvenida, pero se encontró con una marabunta de gente gritando y abucheando a todos lo policías que lo único que estaban haciendo era proteger a los ciudadanos y evitar una independencia ilegal.
La noche para Carlos fue dura, ya que los gritos de los manifestantes no le dejaban dormir y no solo eso, ya que no pudieron alojarse en el hotel. La caridad de algunas personas pudo superar el odio de muchas otras, ya que se les ofreció diversas veces la oportunidad de alojarse en casas de ciudadanos de Barcelona.
Al final se alojaron en un camping, libre de gente molestando, y a partir de ahí ya fue una noche libre de molestias y tranquila.
Ya era treinta de septiembre, víspera del referéndum, Carlos siente como el ambiente es mucho más tenso que antes, y nota como cada vez se pone más nervioso, por que aunque los policías parezcan muy fríos y que no les afecte nada, ante tal panorama, no podía evitar que los nervios se apoderen de él, pero ante todo sabía que tenía que mantener la compostura y mantenerse firme, por que el siguiente día sería un día clave en la actual España. Mañana los independentistas intentarán votar por la independencia de una forma ilegal.
Carlos se da cuenta que no es al único al que afectaban eso nervios, hay falta de comunicación entre sus compañeros, a pesar de todo, es normal por que al fin y al cabo es llevar sobre sus hombros mucha responsabilidad, una responsabilidad que tienen que acarrear por que personas con mayor cargo no han sabido manejar. A pesar de todo también se sienten orgullosos de poder representar a su país en un día tan importante y ahora solo esperan al esperado uno de octubre.
Llegado el esperado uno de octubre a las cinco y cuarto, Carlos se había levantado temprano por que tanta responsabilidad y nervios no le dejaba dormir bien. No había sido el único en haberse levantado temprano varios compañeros ya se habían levantado antes que el y otros tantos habían coincidido con el al levantarse. Carlos en lo único que pensaba era en su familia, sabía que no podía llamarles ya que era muy pronto pero siempre les llevaría presentes.
Tras desayunar, se puso el uniforme ya preparado para salir a Barcelona a defender a su país y los derechos de los ciudadanos y a salir a hacer lo que otras personas no habían podido detener y a frenar lo que personas pensando en su propio bien habían provocado.
Ya en las calles de Barcelona Carlos con sus compañeros se encargarán de detener a la marea de personas que se dirigen a votar. Pero no era fácil ya que tenían que controlar a las numerosas personas y también tenían que enfrentarse a los mosos, ya que se habían puesto de lado de la gente y del referéndum, no por su propia elección más bien por órdenes de superiores, ante lo que no podían hacer nada.
Carlos intentaba detener a la gente, pero eran muy numerosos igualmente lo intentaba y lo intentaba hasta caer en el cansancio. Lo que más pretendía Carlos era no tener que pasar a la violencia, pero no pudo contenerse ante un encapuchado con una barra de metal que iba directo hacia el, tuvo que sacar la porra y arremeter contra el encapuchado, tras eso todo paso muy rápido, un grupo de vándalos encapuchados se abalanzaron ante él, y no pudo con ellos y calló desmayado ante tal torrente de golpes.
Al día siguiente ya pasado todo, Carlos se despertó en un hospital recordando levemente lo ocurrido el día anterior, y en lo que no paraba de pensar era en su familia, ya que deben de estar preocupada y lo primero que hizo fue llamar a su familia. Su mujer estaba muy preocupada por el y se dedicó a tranquilizarla y a decirla que se encontraba bien.
Carlos en el mismo hospital, se puso a ver la noticias y todo era el referéndum y desde el punto de vista de las noticias “ la brutalidad policial”, Carlos no paraba de ver imágenes de manifestados siendo atacados por la policía y en las noticias lo único que escuchaba era el número de manifestantes heridos.
Lo que más sorprendió e impactó a Carlos en las noticias fue un vídeo en el que aparecía un policía arremetiendo contra un manifestante con el título de “La policía golpea sin miramientos a los indefensos manifestantes”. No fue la noticia en si lo que llamó la atención de Carlos, si no que en el vídeo reconoció al encapuchado y se reconoció a sí mismo como el policía y recordó esa escena.
Pero lo importante es que la escena de la agresión solo se extiende hasta cuándo Carlos agredía al encapuchado y se corta antes de que los demás manifestantes se abalancen sobre Carlos, causándole daños graves magullando sus músculos y huesos contra el suelo.
Y todo esto repercutió en las relaciones de Carlos con quién le rodeaba ya que tenían una imagen falsa de el y no le llegaban a creer y tenían en sus retinas lo que era un Carlos violento agrediendo a un desarmado y pobre manifestante que luchaba por sus derechos.
Muchas veces lo que no vemos, por que no queremos verlo o por que no nos lo quieren mostrar, es la gran verdad. Ante todo no siempre es lo que parece y se pueden llegar a torcer las cosas y quién parece el agredido puede llegar a ser el agresor.


Alejandro Magro (Vaya concurso)



VAYA CONCURSO

Desde pequeñito siempre quise participar en un concurso, siempre. Qué ¿por qué?... nunca me he parado a pensarlo, la verdad, pero siempre fui un infante al que le gustaba llamar la atención. Pero ahora que he crecido lo hago más por las liras, que con la mala época que está pasando mi país a mi familia no le vendrían nada mal…

Y fue justo ese día, si justo, ese día, el día en el que cuando tocaron a la puerta y fui a abrirla podía ver a dos personajes vestidos elegantes con largos uniformes que hablaban entre ellos en un lenguaje más… cómo podría describirlo… era extraño, básicamente, a lo que fui a llamar a mis padres. Estos se sorprendieron de aquella visita pero no hice mucho caso del tema y no me enteré de la conversación. En resumen, me dijeron que íbamos a participar en un gran concurso y que el premio era secreto, lo cual hacia el desafío más interesante. Quise saber en que consistía pero mis padres decidieron mantenerlo en el anonimato y preferían que me lo dijesen allí. Preferí hacer la maleta pero mis padres insistieron en que allí nos darían la ropa a lo que asentí cómodamente, ¡qué demonios, si sólo tengo diez años!. Nos montaron en un tren, yo estaba encantado porque nunca había ido en semejante transporte. Pero lo bueno es que debía ir con los participantes del concurso, me dijo mi madre, ya que había más gente subida a éste. Más de dos horas de trayecto nos dejaron en un recinto enorme. Bajamos del tren y resultaba que había mucha más gente de la que yo me pensaba en incluso niños de mi edad. Ufff! Exclamé, la cosa se va a poner bastante difícil.

Mientras tanto los concursantes, mis padres y yo nos limitábamos a estar ahí preparándonos para el concurso. 

De repente, se oye un silencio sepulcral y se escucha la voz de un hombre enfurecido, pero mi padre me susurra al oído: “no le escuches, que solo nos quiere poner nerviosos para que perdamos el concurso, pero no seas respondón que te conozco…” Al hombre cuyas palabras no las pude distinguir entre sus gritos y su mal dominación del idioma nos dice básicamente que nos pongamos los uniformes y que vayamos cada uno a la aula asignada (según la traducción de mi padre). Todo el mundo asiente porque los nervios corren por sus venas, ¡Ja! Conmigo no funciona, no estoy nervioso, es más, lo ansio. Total, que vamos cada uno a su aula asignada, por suerte me ha tocado con mi padre, pero mi madre se va a otra. Los señores enfurecidos (que cada vez se multiplican) nos asigan cama aunque dado a tanto aforo la gente tiene que compartirlas. Allí conozcí a un niño de mi edad llamado Marco. Al principio me parecía distraído y triste pero luego le anime un poco diciéndole que seguro que ganaría el concurso, a lo que él me preguntó que qué había que hacer, simple: “ Haced caso a los señores pero no dejar que nos pongan nerviosos porque si no podríamos perder”. Noté un cambio de ánimo a Marco, supe que le animé bien.

Al día siguiente nos despiertan y yo careciendo del conocimiento del idioma extraño me lo tuvo que volver a traducir mi padre, me dice: “dicen que recompensarán al que trabaje duramente estos días de pruebas con su propio escenario para participar” y yo exclamé: “ ¿Y pueden poner humo como en los escenarios de música que solíamos ir a ver?” “Por supuesto”.

Así que todos listos para ser recompensados salimos en busca del premio. A Marco y a mi nos tocó trabajar como limpiadores en una sala que olía bastante mal. La limpié lo mejor que pude junto a mi amigo, pero los señores nunca tenían descanso para dejar de gritarnos e intentar ponernos nerviosos.
Era tarde, estábamos cansados, volvimos al aula y encontré a mi padre discutiendo con un señor, parecía bastante cabreado y asustado a la vez y cuando se lo llevaron me dijo : “Así es mejor, el premio lo tienes para ti y tu madre, a mí me han hechado”.

Supe que este era mi momento de gloria.

A la mañana siguiente la gente iba diciendo que era el último día. Quería el premio, quería un escenario con humo como en los conciertos del pueblo, deseaba ganar. Entonces vino por fin el señor, que esta vez había que seguirle hasta la sala donde Marco y yo habíamos estado limpiando. Mientras entrábamos los señores repetían al unísono “ ¡SIEG HEIL, SIEG HEIL!

Y por fin, por fin llegó todos en la sala preparados, se encendieron unas luces y supe que era el momento del premio, y justo en el mejor momento apareció el humo, color verdoso pero me servía, “¡Quiero el premio!”, pero justo noté que me faltaban fuerzas, que algo se apagaba en mi interior, que ya no tenía furor por el concurso, sino que noté que… que todo se apaga, que todo se marcha, que… que todo se acaba.

Alejandro Magro